noviembre 24, 2009

Cuando los pájaros dejan de cantar


Ando buscando un dato que leí, hará unos veinte años; recuerdo el libro: Ecología 2000, y la editorial: Debate, horizonte, y su autor más probable es Norman Myers, aunque de esto último no estoy muy seguro. El dato daba cuenta del número de nuevos compuestos químicos que se incorporaba, cada año, a los ecosistemas naturales, modificando, de manera gradual pero irreversible, la composición físico química de los ríos, los mares, y de la propia Tierra, entendida como Gaia, según el concepto que acuñara James Lovelock en 1979.
Diez años antes quizás, Rachel Carson anticipó el peligro de los químicos, en un libro que entonces fue innovador, y que hoy sigue siendo el referente más conspicuo de la nueva ecología: Silent spring (La primavera silenciosa). A él ha vuelto Lovelock en su reciente libro “La venganza de la Tierra”, para recordarnos que muchos de los males que hoy afronta la humanidad, en materia de contaminación y peligro ambientales, tuvieron su origen en el auge indiscriminado de la química, sobre todo en sus aplicaciones de agricultura.
Carson defendió, con notable vehemencia, que el uso no regulado de pesticidas e insecticidas, atentaba contra los pájaros de manera grave. Estos se comían a los insectos envenenados y morían. La autora elaboró su metáfora sobre el silencio que se produciría en los campos cuando los pájaros dejaran de cantar. No alcanzó a prever que los pocos pájaros que se pudieran salvar de la catástrofe de la química, deberían emigrar a otros parajes, lejos de sus amigos, porque el calentamiento progresivo de la atmósfera iría a modificar abruptamente sus ecosistemas, y a desequilibrar la armonía de sus casas naturales.
Julian Huxley, en otro documento que ha venido a mi mente en este momento, y que tampoco tengo, escribió su “Ensayo sobre la muerte de los pájaros” alrededor de 1984. En él recuerdo que se refería al símil de la primavera silenciosa como un grito solitario en medio de la noche infinita, la noche desolada de unos pájaros que huían, asustados por la avalancha incontenible del DDT, y otros mortíferos de similar ralea.
Pero Carson volvió a la carga algunos años después; escribió “El mar en sombra”, un corto ensayo que hoy resulta más profético que otra cosa. Pues una mezcla de silencio y sombra se insinúa sobre el planeta de la vida. Más de doscientos científicos de todo el mundo le pidieron esta misma semana, a los representantes de más de ciento noventa países reunidos en la isla de Bali con ocasión de la cumbre de cambio climático, que escucharan a la ciencia, que depusieran por un momento sus intereses y defendieran la vida. Alertaron al mundo, una vez más, sobre la gravedad del problema del clima, y nadie les hizo caso.
El Ensayo sobre la muerte de los pájaros estaba en “El escarabajo sagrado”, una serie de documentos científicos compilada por Martin Gardner y publicada por Salvat en una colección al alcance de todos los bolsillos. Aquí tengo el volumen I (el que me falta es el II), y tiene un sellito azul con las iniciales LC, librería Continental. Hace unos años fui a buscarla, y me contaron, que como los pájaros de Carson, optó por silenciar sus bellos cantos, para dar paso, ¡qué se yo! ¿al progreso?.

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