junio 19, 2010

De sapos y lagartos


Manuel Guzman Hennessey


La noticia es que hay algunos lagartos en peligro de extinción. Otras especies también lo están, como el sapo dorado de California y la mariposa Coma europea. Evidentemente no es una buena noticia, aunque suceda para nosotros en época electoral, que coincide (¿curiosamente?) con el año de la biodiversidad.
El peligro se debe, en buena medida, al cambio climático global y, según la nueva lista roja de UICN, comporta a 1 de cada 4 especies de mamíferos. Y a algo más del 38 por ciento de todas las especies. Hace poco tiempo, un grupo de biólogos se dio a la tarea de relacionar el cambio climático con la desaparición de algunas especies; trabajaron sobre una muestra de 1.100 especies de plantas y animales de regiones que abarcaban aproximadamente una quinta parte del Planeta. Y aplicando una proyección sobre el aumento de la temperatura, llegaron a la conclusión de que entre el 15 y el 37 por ciento de estas especies se encuentra en peligro.

Cuando se descubre que el cambio climático global tiene que ver con todo, es probable que se asuma el problema como un asunto de todos, pues la nuestra es una de esas especies de mamíferos que bien podría menguarse como consecuencia de la compleja problemática.

Ahora bien, algunos podrán pensar que si se acaban algunas serpientes o sapos, ello no afecta a los seres humanos (¿mamíferos libres?), ni a las sociedades conformadas por esta especie de antropoides alegres, a la que Julio Cortázar llamó cronopios. No es así. Y para explicar este argumento me apoyo en un ejemplo del profesor Carlos Muñoz, del Instituto Nacional de Ecología de México. Al norte de Monterrey hay una cueva de un millón de murciélagos. Los científicos descubrieron que estos mamíferos, alegres como nosotros, salen a pasear por una zona de cítricos y se comen algunas plagas que dañan estos cultivos.

Las especies de serpientes y de sapos se comen a los insectos que, en algunos casos, comen hojas de plantas y en otros, a insectos transmisores de enfermedades como el dengue y la malaria. Si no cuidamos los bosques donde viven murciélagos, serpientes y sapos, no solamente tendremos problemas con los cultivos, sino que podremos padecer enfermedades. Las altas temperaturas hacen que muchas especies tengan que buscar regiones menos calientes para adaptarse y sobrevivir al cambio climático.

Invito a mis lectores a FIMA, la feria del medio ambiente que, hasta mañana, nos recuerda la importancia de la vida, esa palabra también en peligro de extinción.

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