Manuel Guzman Hennessey
Hubo un tiempo en que lo verde nos producía urticaria. Pues muchos, y me incluyo, asociaban la palabrita con una especie de mamertismo reciclado en fundamentalismo. Y lo encarnaban unos señores (y señoras) agresivos, que proponían abolir el plástico y acabar con la industria. Pero cuando el cambio climático nos notificó que lo ambiental nos implicaba a todos, y que era menester asumirlo como un tema de futuro, el empresariado hizo clic en el asunto y se involucró en el tema.
Entonces, lo verde se fue mimetizando en el léxico empresarial, y tomó varios matices: The Natural Steep, Responsible Care, Ecoeficiencia, Producción limpia, World Bussines Council, RSE, entre otros. Así, aquella noción incómoda que nos generaba antipatías acabó convirtiéndose en sinónimo de las empresas modernas.
Los programas de gestión ambiental, que se consideraban exóticos en el pasado, hoy son el abecé, y ninguna empresa seria puede decir que es ajena al tema del ambiente. Muchas de ellas han dado un paso más: son verdes y neutralizan sus emisiones de carbono a la atmósfera.
Poco después entraron en la onda verde los políticos, hasta el punto de que hoy puede decirse que si un partido no tiene suficiente claridad sobre la relación entre ambiente y desarrollo, está llamado a desaparecer.
El partido Europe Ecologie (Francia), que hoy tiene 14 eurodiputados en el Parlamento Europeo, es un buen ejemplo de ello. Y aunque es cierto que a los colombianos "todo nos llega tarde, hasta la muerte", uno podría pensar que la ola verde es una buena señal. No digo que Antanas Mockus sea Daniel Cohn Bendit, ni que los verdes nuestros sean Europe Ecologie. Pero tienen quizás más elementos que aquellos para "aprender haciendo" y agregar a lo ético en el ejercicio de lo público todo lo que de ético y moderno tiene lo que hoy entraña la palabra verde: equidad, justicia, economía, clima, conservación de bosques, investigación, ciencia, innovación, tecnología, diversidad, responsabilidad, política internacional, juventud, futuro.
Al profesor Mockus le cabe lo verde en la cabeza. Y aunque sé que a otros también les cabe, algo me dice que él entenderá mejor, desde la ciencia y la filosofía, el valor que ello agrega a las nuevas generaciones, que son, en últimas, la más genuina razón de la política. Y que él no haya sido, precisamente, un militante de la causa ecológica se resuelve con un verso de Machado: "Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar".
1 comentarios:
Lo verde, lo ecològico es muy importante, posiblemente lo màs importante en estos momentos, para el grueso de la poblaciòn, para toda la humanidad.
Hay un problema: Se atravieza con los negocios y las utilidades de las grandes empresas que son las que determinan el futuro de sus industrias y de la humanidad.
Los anàlisis y debates que no consideren esta confrontaciòn entre utilidad privada y utilidad pùblica, son muy interesantes pero poco productivos y muy frustrantes.
Sugiero incluir este tema en futuros debates.
Luìs Enrique Escovar Giraldo
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